Durante los últimos 25 años, México ha dependido en gran medida de los combustibles fósiles para generar electricidad, pero la energía solar y la energía eólica, respaldadas por sistemas de almacenamiento de energía en baterías gestionables, pronto podrían satisfacer una proporción mucho mayor de la demanda de electricidad del país.
Para hacerse una idea de la rapidez con la que podría producirse la transición energética de México, vale la pena observar la drástica transformación en la generación de electricidad que se ha desarrollado en los estados estadounidenses situados a lo largo de la frontera norte de México.
Los recientes cambios en las políticas de México, junto con las continuas mejoras tecnológicas en los sistemas de energía solar, energía eólica y almacenamiento de energía en baterías gestionables, podrían liberar el potencial de los recursos renovables del país.
Esta transición energética en México podría favorecer un mayor crecimiento económico, la independencia energética, la estabilidad de los precios de la electricidad, una mayor fiabilidad de la red eléctrica y un mejor acceso a la energía para las personas y la industria.
Durante los últimos 25 años, México ha dependido en gran medida de los combustibles fósiles para generar electricidad: casi el 80 % de la electricidad del país se produjo a partir de petróleo, gas y carbón entre el 2000 y el 2024. Pero la energía solar y la energía eólica, respaldadas por sistemas de almacenamiento de energía en baterías gestionables, pronto podrían satisfacer una proporción mucho mayor de la demanda de electricidad de México.
En el marco de una política energética renovada, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien asumió el cargo a finales de 2024, en junio se seleccionaron 7410 megavatios (MW) de proyectos de energía solar y eólica a gran escala de entre los casi 38 000 MW propuestos, lo que pone de manifiesto el fuerte interés de los inversores por desarrollar proyectos de energías renovables en el país. La mayoría de los proyectos ganadores, unos 6700 MW, eran de energía solar fotovoltaica, mientras que los 700 MW restantes se adjudicaron a proyectos de energía eólica. Según la nueva normativa, todos los proyectos deben contar con un sistema de almacenamiento en baterías equivalente a, como mínimo, el 30 % de su capacidad y con una duración mínima de tres horas. Las revisiones iniciales, los estudios de interconexión, los contratos y los hitos de la solicitud de permisos están teniendo lugar durante el otoño; el objetivo del gobierno es completar este proceso para fin de año.
Desde el año 2000, el consumo de combustibles fósiles en México ha experimentado un cambio significativo, pasando del petróleo al gas, tal como Estados Unidos pasó del carbón al gas. En el 2000, el petróleo suministró el 45 % de la energía eléctrica generada en México, mientras que el gas aportó el 22 %. Para el 2024, la proporción del petróleo había caído a poco más del 7 %, mientras que la electricidad generada con gas había aumentado al 62 %. El uso del carbón ha disminuido ligeramente: pasó de un máximo de alrededor del 13 % en el 2005 a cerca del 7 % en la actualidad.

La generación de energía eólica y solar experimentó un fuerte crecimiento entre el 2017, cuando su cuota de mercado se situaba en el 3,2 % —casi toda procedente de la energía eólica— y el 2021, cuando había crecido hasta casi el 12 %, repartida casi a partes iguales entre ambas fuentes. Entonces, el desarrollo prácticamente se detuvo, al igual que el aumento de la cuota de mercado. Con las nuevas normas, la transición energética en México podría volver rápidamente al crecimiento, al tiempo que impulsaría la seguridad energética, el desarrollo económico y la resiliencia de la red eléctrica del país. El gobierno espera añadir unos 20 000 MW de energías renovables y 5000 MW de almacenamiento en baterías para el 2030.
Para comprender la rapidez con la que podría producirse la transición energética, vale la pena observar la drástica transformación en la generación de electricidad que se ha desarrollado en los estados estadounidenses situados a lo largo de la frontera norte de México: Texas, Nuevo México, Arizona y California.
Esos cuatro estados también ofrecen una buena referencia para comparar el tamaño del mercado energético de México. En el 2024, el total de generación neta de electricidad del país alcanzó los 352 305 gigavatios-hora (GWh), según datos de la Secretaría de Energía de México. Eso es mucho menos que los 566 503 GWh que produjo Texas ese mismo año, pero más que los 214 191 GWh de California. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), Arizona generó 116 027 GWh y Nuevo México 39 697 en 2024, lo que hace que la producción combinada de electricidad de los tres estados occidentales, de 369 915 GWh, sea aproximadamente equivalente a la producción de México.

En la zona fronteriza, el cambio más drástico se ha producido en la matriz energética de Nuevo México. En el 2001, Nuevo México dependía de los combustibles fósiles para más del 99 % de su energía, principalmente carbón. Todavía en el 2015, el 91 % provenía del carbón y el gas, una proporción mucho mayor que la de México. Para el 2025, esa cuota se había reducido a la mitad, hasta el 47 %. Al mismo tiempo, la participación de la energía eólica y solar a gran escala en la generación total se disparó del 8 % al 52 %, con lo cual se desplazó a la generación de carbón y gas del mercado.
Texas también ha experimentado un cambio notable. En el 2001, el 87 % de la energía del estado provenía del carbón y el gas. Para el 2025, esa cifra se había reducido al 58 %, incluso cuando la demanda de electricidad en Texas se disparó. Ese cambio fue posible gracias a la energía eólica y la energía solar a gran escala, que crecieron siete veces más rápido que los combustibles fósiles durante ese período y que ahora suministran más del 34 % de la energía del estado.

En California y Arizona, los cambios también han sido sustanciales, especialmente en los últimos años, pero estos estados siempre han producido mucha energía a partir de recursos nucleares e hidroeléctricos, y nunca dependieron tanto del carbón y el gas como Nuevo México o Texas. Arizona, por ejemplo, generó el 32 % de su energía a partir de fuentes nucleares en el 2001 y el 27 % en el 2025, mientras que las centrales nucleares de California proporcionaron más del 18 % de la electricidad del estado en el 2001 y el 9 % en el 2025.
Sin embargo, en ambos estados, el desarrollo de la energía eólica y solar ha conllevado grandes aumentos en la cuota de mercado, ya que han sustituido a los combustibles fósiles, además de compensar la disminución de la producción hidroeléctrica en Arizona y de la energía nuclear en California. California, pionera en el impulso a las energías renovables en Estados Unidos, ya contaba en el 2001 con plantas solares y eólicas a gran escala que producían el 2 % de su electricidad, cifra que aumentó al 15 % en el 2015. Para el 2025, esa cifra pasó a ser el 37 %. Mientras tanto, el uso de combustibles fósiles, principalmente gas, cayó del 55 % en 2001 a tan solo el 33 % el año pasado.
Una de las principales razones por las que la transición energética se ha acelerado recientemente en estos estados, especialmente en Texas y California, es la rápida incorporación de sistemas de almacenamiento de energía en baterías gestionables. La inclusión de la capacidad de almacenamiento en baterías en los requisitos de los proyectos de energías renovables de México probablemente potenciará el impacto de su nuevo enfoque político, pero el país también podría beneficiarse de un desarrollo aún más ambicioso de la infraestructura de almacenamiento. ¿Por qué? En estados como Texas, el despliegue a gran escala de baterías está proporcionando múltiples mejoras para la red eléctrica, entre ellas la reducción de los precios generales de la electricidad, especialmente durante las horas de máxima demanda; el aumento de la estabilidad de la red; la solución de algunos problemas de limitación de la transmisión; y el apoyo a un uso más eficiente y económico de los recursos de generación. Estas mejoras permiten la construcción de muchos más proyectos de energías renovables, especialmente de energía solar, y reducen drásticamente la necesidad de construir nuevas y costosas centrales de respaldo.

Todos estos son desafíos a los que se enfrenta la red eléctrica de México. Algunas partes del sistema, en particular las penínsulas de Baja California y Yucatán, están relativamente aisladas del resto del país. Los mayores recursos solares se encuentran en los estados del norte y del oeste, mientras que los recursos eólicos están más concentrados en el noreste y más al sur, en Oaxaca. Con un aumento sustancial en la capacidad de almacenamiento de energía en baterías, lograr un equilibrio entre el aumento de la producción de energía renovable y el suministro de esa electricidad al centro de México, donde se concentra la mayor parte de los 134 millones de habitantes del país, sería más rápido y eficiente. En Estados Unidos, las mejoras y ampliaciones de los sistemas de transmisión han sido lentas y costosas, y se han enfrentado a una importante oposición. El almacenamiento de energía en baterías ha solucionado algunas de las deficiencias y ha permitido que se siga construyendo nueva generación, al tiempo que mejora la fiabilidad de la red eléctrica.
En México, podría estar gestándose una revitalizada transición energética en el sector eléctrico, muy similar a la que se ha producido en los estados estadounidenses que limitan con el norte del país. Los recientes cambios en las políticas de México, junto con las continuas mejoras tecnológicas en los sistemas de energía solar, energía eólica y almacenamiento de energía en baterías gestionables, podrían liberar los recursos renovables del país, lo que impulsaría un mayor crecimiento económico, la independencia energética, la estabilidad de los precios de la electricidad, una mayor fiabilidad de la red eléctrica y un mejor acceso a la energía para las personas y la industria.